De la sospecha a la alfabetización en el uso de IA

Johnny Cartín QuesadaORCID: https://orcid.org/0000-0003-4937-6546 – jcartin@gmail.com. Investigador, PROIFED/UNED

Cuando un estudiante entrega un trabajo y el docente sospecha que fue redactado por una inteligencia artificial, la reacción institucional más frecuente ha sido punitiva: detectores de IA, prohibiciones explícitas, amenazas de sanción. Esta respuesta parte de un supuesto equivocado, que el problema es la herramienta y no la ausencia de una pedagogía que enseñe a usarla. En la educación a distancia, donde el docente no puede observar el proceso de escritura del estudiante como ocurre en un aula presencial, esta ausencia pesa doblemente. La alternativa no es prohibir ni tolerar sin criterio, sino alfabetizar: enseñar explícitamente cómo usar la IA sin tercerizarle el pensamiento.

Tres actividades concretas permiten trasladar este principio al diseño de un curso a distancia.

  • La primera es la declaración de uso. En lugar de exigir que el estudiante niegue haber usado IA, se le pide que documente cómo la usó: qué preguntó, qué obtuvo, qué descartó y por qué. Esta simple exigencia convierte un acto que se ocultaba en un acto que se argumenta, y el argumento es, precisamente, lo que se evalúa.
  • La segunda es la comparación entre borrador propio y borrador asistido. Se solicita al estudiante entregar primero una versión sin apoyo de IA sobre un problema o pregunta, y luego una segunda versión trabajada con IA, acompañada de un comentario breve sobre qué cambió y si ese cambio representa una mejora real en su comprensión o solo en la fluidez del texto. Esta comparación hace visible la diferencia entre delegar la redacción y delegar el pensamiento.
  • La tercera es usar la IA como interlocutor socrático, no como generador de respuestas. Se diseñan consignas que piden al estudiante llevar a la IA una idea propia y pedirle que la cuestione, que señale supuestos débiles o que proponga contraargumentos, en lugar de pedirle que resuelva la tarea. El estudiante entrega entonces el intercambio junto con su propia síntesis de lo que ese cuestionamiento le hizo reconsiderar.

Estas tres actividades comparten un rasgo: no evalúan el producto final aislado, sino el proceso metacognitivo que lo rodea. Esto es especialmente relevante en la educación a distancia, donde la evaluación tiende a apoyarse más en productos entregables que en procesos observables, precisamente porque el proceso no ocurre frente al docente.

La alfabetización en IA no es un curso aparte ni un módulo de ética añadido al final del programa. Es un rediseño de las consignas de evaluación que hace del uso de la IA un objeto explícito de reflexión, en lugar de un secreto que el estudiante gestiona solo. Cuando la evaluación pide declarar, comparar y confrontar, la pregunta deja de ser si el estudiante usó IA, y pasa a ser si pensó con ella o dejó que pensara por él. Esa es la distinción que la educación a distancia necesita operacionalizar en sus próximos rediseños curriculares.

Referencias

UNESCO. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO Publishing. https://doi.org/10.54675/EWZM9535

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